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Casos y Consejos.

El Viagra Femenino

Falta de apetito sexual

Las compañías farmacéuticas se han lanzado a la búsqueda de un producto que
resuelva la falta de deseo sexual de las mujeres. El último intento es un
compuesto llamado bremelanotida.

Los problemas de disfunción sexual en la mujer han dejado de ser una
cuestión tabú para convertirse en un apetecible negocio farmacéutico. Desde
el espectacular éxito de las famosas pastillas azules para tratar la
disfunción eréctil en el hombre, la industria se afana en encontrar un
fármaco similar para combatir la reducción de la líbido femenina. Este es el
trastorno sexual más común, especialmente al alcanzar la menopausia, momento
en el que se producen cambios físicos que repercuten directamente en la
sexualidad. «Los estrógenos y la testosterona bajan, la mucosa vaginal se
atrofia y desciende la lubricación, con lo que aumentan las molestias
durante las relaciones», detalla Susana Rabadán, ginecóloga de IVI Madrid.

«Viagra» también se probó en mujeres, pero los resultados no fueron los
esperados. El fármaco engrosaba el tejido de la vagina, pero la inflamación
no lograba mejorar el deseo sexual. La sexualidad femenina es más compleja
que la masculina. Después de este fracaso, se llegó a la conclusión de que
se necesitaba un tratamiento capaz de actuar sobre el sistema nervioso
central, en los centros del placer del cerebro o en el circuito sensorial.

Parche de testosterona
El primer intento fue un parche que liberaba pequeñas dosis de testosterona,
la hormona más masculina. Colocado en el abdomen, cerca de la axila o en el
interior del muslo, el parche logró resultados espectaculares en ensayos
clínicos con mujeres que habían alcanzado la menopausia. Los primeros
estudios aseguraban que la mayoría de las mujeres incrementaron su deseo
sexual, obtuvieron más placer en las relaciones con su pareja, no sintieron
molestias o dolores y hasta mejoraron su autoestima. Durante el tiempo que
duró el experimento, las féminas que utilizaron el parche de testosterona
cuadruplicaron las relaciones sexuales, frente a aquellas a las que se puso
un parche con una sustancia placebo.

Pero el fármaco no consiguió la autorización de la FDA, la agencia del
medicamento de Estados Unidos. Entonces se rechazó porque los inconvenientes
médicos no superaban los posibles beneficios que podían ofrecer. Su consumo
continuado podía aumentar los riesgos de mujeres obesas, con enfermedades
crónicas como la diabetes o niveles elevados de colesterol y tensión
arterial.

Ahora la nueva esperanza se llama bremelanotida. Este compuesto es una
versión sintética de una hormona que juega un papel en la pigmentación de la
piel. Primero se pensó que podría convertirse en un tratamiento para lograr
el bronceado sin riesgos y ayudar a prevenir el cáncer de piel. Pero los
primeros voluntarios, todos masculinos, contaron entre sus efectos
secundarios la aparición de erecciones. Fue entonces cuando la compañía que
investigaba decidió explorar en otros campos y probar su utilidad como
terapia en desórdenes sexuales.

Ensayos posteriores con roedores demostraron que el fármaco no sólo tenía un
efecto en la sexualidad masculina, sino también en la femenina. Inspirándose
en el comportamiento de los ratones, el laboratorio decidió intentarlo con
pacientes femeninas en un estudio piloto con 26 mujeres que ya habían
entrado en la menopausia. El fármaco fue administrado por vía intranasal y
en el ensayo hubo un grupo control al que se administró placebo.

Tras probar esta droga, el 73% de las mujeres que tomaron la nueva molécula
experimentaron un aumento de las sensaciones en la zona genital, comparado
con el 23% a las que se les proporcionó placebo. El 43% del grupo que probó
el tratamiento también dijo experimentar un aumento de su deseo sexual.
Durante el tiempo del ensayo, las voluntarias incrementaron el número de
relaciones con su pareja. Después de este estudio piloto, veinte centros de
Estados Unidos van a realizar ensayos similares para comprobar la eficacia y
seguridad del fármaco.

Se investigan también otros tratamientos que se centran en desniveles
hormonales y en las funciones genitales como pieza clave de la sexualidad.
Como las prostaglandinas y otras moléculas, que buscan aumentar el flujo
sanguíneo en la zona genital para mejorar la excitación.

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