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Cirugía estética genital

Educación en sexualidad

La cirugía genital va al alza en España
Las mujeres rejuvenecen o moldean más sus órganos sexuales que los hombres 



Sara jamás ha hecho el amor con su marido con la luz encendida. De hecho, él nunca la ha visto totalmente desnuda, no por pudor, sino por vergüenza, vergüenza de sus genitales. De aquí a unos días se someterá a una labioplastia para reducir el tamaño de sus labios menores. Este tipo de operaciones no ha parado de aumentar en la última década, con un especial repunte en los últimos tres años debido al perfeccionamiento de las técnicas quirúrgicas y a un mayor conocimiento por lo que respecta a la posibilidad de remodelar el aspecto de la zona íntima tanto masculina como femenina. Los pacientes suelen comentar "yo no sabía que esto se podía hacer", explica el cirujano Juan Monreal.

Sorprendentemente, las intervenciones genitales ya existían desde 300 años a.C. cuando los hombres griegos querían recuperar sus miembros circuncidados. Pero la religión y los tabúes en torno al sexo frenaron el desarrollo de estas operaciones, que ahora han vuelto a aflorar gracias al estilismo.

El vello corto evidencia más el problema
Brasil es la cuna de la cirugía íntima debido a que las brasileñas suelen llevar una ropa interior donde las ingles y el pubis quedan más al descubierto que en el caso de las mujeres españolas. Un fenómeno que se explica por razones sociológicas, religiosas y culturales. Sin embargo, durante los últimos años la imagen de esta parte del cuerpo ha cambiado radicalmente en nuestro país, un hecho que el cirujano Ivan Mañero atribuye a la liberación social de la mujer y a la moda de la depilación integral del pubis. "Recientemente se ha notado un incremento de los pacientes que quieren mejorar el aspecto de sus genitales", explica Mañero.

"Hasta hace sólo tres años muchos ginecólogos eran reacios a la práctica de esta cirugía, no se le había dado realmente la importancia que tiene", asegura Miquel Barroeta. Este ginecólogo especialista en cirugía estética vaginal (CEV) explica que en nuestra sociedad cada día son más las mujeres que se desnudan delante de otras personas de su mismo sexo en la playa, el gimnasio o en la piscina, con lo que una hipertrofia de labios menores puede derivar en un gran complejo. En este sentido asegura que en un 80% de los casos el aspecto psicológico pesa más que el físico a la hora de operarse. Sin embargo, la paciente intenta ocultar los motivos reales de su intervención: "La mujer esconde en las molestias un problema estético", ratifica Iván Mañero, y suele explicar que por culpa del tamaño de sus labios menores no puede llevar ropa ajustada, hacer ejercicio físico o mantener relaciones sexuales satisfactorias, cosa que en ciertos casos es cierta.

Las mujeres se someten a un 70% de las intervenciones
El precio y la complejidad de la operación influye en el hecho de que sean más ellas que ellos las que deciden cambiar el aspecto de sus partes íntimas. Además, antes de recurrir a la cirugía, el hombre suele probar todo tipo de artilugios como los aparatos que, con falsas promesas, dicen alargar el pene y se anuncian en Internet o en televisión a altas horas de la madrugada. Pero lo cierto es que, según explica Iván Mañero, "la cirugía en el aparato reproductor masculino está menos lograda que en el caso del femenino porque siempre es más fácil quitar que poner".

Otro aspecto a tener en cuenta es el precio. Un alargamiento o ensanchamiento de pene puede costar cerca de seis mil euros, mientras que rejuvenecer la vulva vale menos de la mitad. Por otro lado, y en contra de lo que muchas mujeres creen, "el hombre acostumbra a sentir vergüenza de sus genitales no delante de ellas sino de las personas de su mismo sexo".

Normalmente, lo varones desean tener un pene más largo cuando éste está en reposo, mientras que en el caso de las mujeres es distinto. Tener la vagina demasiado estrecha o demasiado ancha puede condicionar el placer sexual femenino durante la penetración, y si se trata de un problema de hipertrofia de labios menores, puede provocar ciertas molestias, además de afear de manera objetiva el aspecto de la vulva.

Mejor apariencia genital, mayor autoestima
Es algo en lo que coinciden todos los cirujanos y ginecólogos que realizan este tipo de intervenciones quirúrgicas. "Después de la cirugía, muchas mujeres vuelven a la consulta agradecidas y asegurando que la operación les ha cambiado la vida", asegura Miquel Barroeta. Incluso, según explica, "la cirugía puede llegar a cambiar la personalidad de una mujer", al menos eso es lo que cuentan amigos y familiares de algunas de las pacientes.

En esta línea también se expresa el cirujano Juan Monreal: "Los beneficios de la operación es la ganancia de autoestima, los que ya se han sometido a una intervención de este tipo explican que han conseguido tener relaciones sexuales más placenteras puesto que se sienten con mayor seguridad a la hora de mostrarse desnudos delante de su pareja".

Solución quirúrgica o tratamiento psicológico
Pero no todo el mundo está de acuerdo. La sexóloga Pilar Ortega del Instituto de Sexología de Barcelona se muestra tajante: "Una operación no puede arreglar un complejo físico". Un ejemplo que pone son las intervenciones que se practican para solucionar el vaginismo – dolor durante la penetración por la tensión de los músculos de la vagina. "Los cirujanos proponen una inyección de botox – 1.475 euros, aproximadamente- para relajar la zona muscular cuando en realidad es un problema psicológico que se arregla con cuatro sesiones de información y ejercicios para fortalecer el suelo pélvico". Y si se trata de un problema de vagina ancha, utilizar a diario conos vaginales o bolas chinas puede mejorar las relaciones sexuales. Un remedio mucho más económico que los cerca de 5.000 euros que cuesta tensar los músculos de la vagina de manera quirúrgica.

En el caso de los complejos masculinos por el tamaño del pene, la sexóloga asegura que los hombres tienen que concienciarse de que una largada de 4 o 5 centímetros es suficiente ya que "la vagina se adapta a cualquier tamaño".

"Cuando se tiene un complejo, hay que acudir al psicólogo y no al cirujano", concluye la sexóloga.

Publicado en La vanguardia por Raquel Quelart el 25/05/2010

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