Jefas de Familia

Conflictos de pareja
“Ya no hay jefes de familia, hay jefas"
Presentó en Barcelona su último libro, sobre las pequeñas guerras de pareja, con un título que incomoda 'Irritaciones' | "El hombre no está a la altura de las expectativas y ellas se exigen demasiado"
NÚRIA ESCUR | Barcelona | 08/05/2009
Sociólogo y director de investigaciones del CNRS (Cerlis, Universidad de París 5-Descartes), Jean-Claude Kaufmann es autor de numerosos libros sobre la pareja y la vida cotidiana, traducidos a más de quince idiomas. Presentó en Barcelona su último libro, sobre las pequeñas guerras de pareja, con un título que incomoda ('Irritaciones', Ed. Gedisa) y una ilustración que también (un corazón con aspecto de cactus). La hipótesis confesa es la siguiente: "Si te irrita, ¡le amas!". En Francia ha conseguido vender más de 22.000 copias. El punto de partida es inquietante: "Él y ella creen que son una sola persona. Se engañan. La continua fricción de las culturas individuales está causando estragos en silencio".
¿Por qué en el libro sólo se lamentan las mujeres? ¿Es que ellos no tienen queja?
Intenté recopilar por todos los medios opiniones de hombres. Puse anuncios sólo para ellos. No contestaban. Ante un conflicto conyugal, la mujer quiere analizar, hablar; el hombre prefiere callar, desviar la atención, para no aumentar la discusión. Por eso ellas se quejan de que ellos no escuchan. No es que no escuchen, ¡es que no quieren contestar! Por toda respuesta obtienen: ¡mmm!
¿Quién manda en la empresa doméstica?
Ya no hay jefes de familia, hay jefas de familia. El empresario que fija objetivos, en casa, es la mujer. Y el que tiene más exigencias es quien acaba irritándose más.
¿Se discuten por cosas distintas las parejas francesas?
He ido a Alemania, Italia, Japón... ¡y no hay diferencias! Todos odian los tapones abiertos del frasco de champú y el dentífrico mal aprovechado.
¿No habrá elevado la anécdota a la categoría de filosofía?
Es un método: investigo así, analizo el mínimo detalle. Y en la vida no hay nada mínimo, créame.
¿Cuáles son las quejas femeninas más comunes?
Las mujeres de hoy sienten que no tienen un marido sino otro hijo más. Alguien que juega con los niños en lugar de instruirlos, que no asume responsabilidades... Hoy el hombre no está a la altura de las expectativas de su mujer; sobre todo en cuestiones domésticas: ordenar, limpiar... La mujer se exige demasiado.
Ellos se aíslan, a veces.
Porque, para la mujer, el hogar sigue siendo un centro de responsabilidades para crecer y mejorar. Para el hombre, el hogar es el reposo. Llega del trabajo, se descalza y quiere paz, aunque sea una paz desordenada, con los platos por fregar y la ropa por el suelo.
Si cuesta tanto llegar al nivel, ¿por qué insisten en vivir en pareja?, ¿por asegurar el sexo?
Por eso y porque, en el fondo, quieren tener hijos. Claro que también se ven desautorizados: a menudo, cuando los niños dicen que han hecho los deberes con papá, la madre no se fía. Piensa: ¿qué se habrán dejado?
¿Qué parejas duran más, las de cónyuges con personalidades similares o distintas?
Al final lo que cuenta más son las afinidades comunes, no el temperamento.
¿Uno debe intentar cambiar a su pareja o es inútil?
Lo ideal sería que intentaran cambiar los dos. Pero a veces resulta más difícil cambiar un hábito que una opinión.
¿De verdad las pequeñas guerras domésticas unen?
Muchas veces acaban en un baile diplomático. Cuando te han pisado varias veces, aprendes a buscar tácticas para evitarlo.
¿Qué reacciones ha suscitado el libro en su propio país?
Mucha gente me ha escrito para decirme: "¿Cómo lo ha hecho usted para meterse en mi casa sin que yo le viera? Describe exactamente lo que allí ocurre".
¿Cuántos hombres planchan en Francia?
Poquísimos. Los que viven solos. En Francia, en el 98% de los casos, quien plancha es la mujer.
Dice usted que la mujer mantiene un grado de compromiso mayor con la pareja y los hijos. ¿Cómo contagiarlos a ellos?
Depende de ellas. Deberían aceptar que ellos tienen otro modo de hacer las cosas: barren dejando los rincones, visten al niño con lo que pillan y juegan en la mesa. Al final no es una guerra contra el hombre, sino contra ella misma por exigirse la perfección.